lunes, septiembre 21, 2026

Una década de retroceso: cayó 8,4 puntos el rendimiento verbal de estudiantes argentinos y bajó 3,6 puntos coeficiente intelectual total

Un estudio de la Universidad Austral detectó un descenso significativo en el rendimiento intelectual de  estudiantes argentinos durante la última década.

La investigación,  realizada sobre 849 estudiantes de entre 8 y 15 años, encontró que entre  2013 y 2023 el desempeño en habilidades verbales cayó un 8,4%.

El  estudio también reveló una brecha de 26,8 puntos de coeficiente intelectual  total entre estudiantes de escuelas públicas y privadas evaluados en 2023.  

Los resultados se suman a una creciente evidencia internacional que muestra que  las mejoras en el rendimiento intelectual observadas durante buena parte del  siglo XX se han desacelerado e incluso revertido en algunas poblaciones.

El  hallazgo se produce en un contexto en el que PISA 2025 muestra que casi 8 de  cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan el nivel mínimo en Matemática, 6 de  cada 10 tampoco lo hacen en Lectura y Argentina es el segundo país entre 83 con  mayor distracción por dispositivos digitales en las aulas.

PISA 2025 muestra que los estudiantes argentinos del cuartil socioeconómico más alto obtienen entre 76 y 82 puntos más que los del cuartil más bajo. Por tipo de gestión, las diferencias alcanzan los 60 puntos en Lectura, 57 en Matemática y 61 en Ciencias a favor de los estudiantes de establecimientos privados.

Aprender 2025 muestra una tendencia similar: en Lengua, alrededor de 7 de cada 10 estudiantes de escuelas estatales alcanzan al menos un nivel satisfactorio, frente a más del 90% en las privadas. En Matemática, cerca de la mitad de los estudiantes del sector estatal no alcanza el nivel satisfactorio.

Más allá de los resultados académicos

Para las autoras, la convergencia entre las dificultades de aprendizaje, las desigualdades educativas y el descenso de las habilidades intelectuales exige ampliar la mirada: no solo preguntarse cuánto aprenden los estudiantes, sino también en qué condiciones aprenden y qué capacidades necesitan para sostener esos aprendizajes.

El informe sostiene que el deterioro observado involucra capacidades fundamentales para aprender, como el razonamiento abstracto, la comprensión lectora, la autorregulación y la perseverancia, y plantea la necesidad de transformar esta evidencia en conocimiento útil para orientar decisiones educativas que permitan reducir desigualdades y fortalecer las oportunidades de desarrollo.

Los datos presentados no solo describen un problema, sino que marcan una hoja de ruta: invertir tempranamente en hábitos positivos que propicien el discernimiento, la reflexión crítica, la perseverancia y la sociabilidad, entre otras capacidades cognitivas y socioemocionales, actúa como un factor preventivo en orden a sostener el aprendizaje, reducir las brechas entre sectores y proteger el tiempo y la atención de los estudiantes en el aula y en la escuela.

El desafío para las políticas públicas es diseñar condiciones —pedagógicas, institucionales y del vínculo escuela-familia— que, sostenidas en el tiempo, aseguren que cada niño, niña y adolescente pueda desplegar su potencial, cualquiera sea su punto de partida. Para eso, en paralelo, las mejoras que se propongan deberían ir acompañadas de una recolección sistemática de evidencia, con la cual monitorear el impacto y ajustar la toma de decisiones.